José Rodríguez Torrente
José Rodríguez Torrente

PREDICE EL TIEMPO QUE HARÁ. (J. Rodríguez Torrente, Fotos: A. Zon y E. López)
Si va a llover o hacer sol, caer una tormenta o si helará.
Junto a los modernos sistemas de predicción del tiempo que aseguran a pocos días vista un alto índice de acierto, perviven otros métodos basados en la observación directa del cielo o de indicios naturales. Desde siempre el hombre ha querido conocer el tiempo que hará, si va a llover o hacer sol, caer una tormenta o si helará, y ha desarrollado métodos para descubrirlo, incluso con un año de antelación, como el que emplea un serrano de ochenta años, que consiste en desprender la primera capa de una cebolla haciendo un corte a lo largo de la cebolla, pero sin separar enteramente las dos mitades, seguidamente se diferenciarán, mediante cortes, doce gajos que representan cada uno de los meses del año, se depositará en cada uno de ellos doce granos de sal, antes se habrá elegido, en uno de los gajos, el mes de enero para contar sucesivamente hasta diciembre en los siguientes gajos, y se observará si la sal se diluye, queda seca o ni una cosa ni otra, lo que indicará que tal mes será seco, húmedo, o semi seco o semi húmedo. Esta operación se realiza el treinta y uno de julio por la noche y asegura el pronóstico del tiempo en toda España. Este serrano usa otros conocimientos para percibir los cambios de tiempo con uno o dos días de antelación. Cuando observa que las cabras en invierno durante un día de sol se echan a la sombra ya sabe que empeorará en breve, o cuando mira al sol y el espectro de colores que rodea al astro está conformado de una manera determinada ya sabe que se prepara otro cambio.
Las cabañuelas y las canículas.
Incluso puede descubrir si el tiempo propio del otoño se adelanta a la estación del verano mediante el siguiente método: El uno de agosto buscará una piedra que esté bien encallada en la tierra y la levantará para mirar el grado de humedad de la cara que asienta, que de ser alto le confirmará un otoño tempranero. Él, al igual que muchos agricultores, lee las predicciones del calendario zaragozano y estudia con devoción las cabañuelas y las canículas. Éstas también pronostican el tiempo que hará el año próximo mediante la observación de los días uno al doce de agosto (cabañuelas), y trece al veinticuatro (canículas), atribuyendo a cada jornada un mes del año y contando las canículas a la inversa (desde diciembre a enero). Deducirá por analogía el tiempo de cada mes del año.
Los animales son indicadores.
Los animales con su comportamiento indican también una inmediata variación del tiempo, por ejemplo, las abejas cuando están agresivas en un día de sol, o los escuerzos cuando se desplazan de un lugar a otro anuncian la venida de un ambiente húmedo, lo que es razonable porque estos animales permanecen bajo tierra para obtener humedad, si salen al exterior y recorren camino es porque no temen a quedarse secos. Las salamandras cuando se alejan de los humedales pronostican un otoño húmedo. Las aves en general son indicativas para muchos observadores de la naturaleza, así, las golondrinas cuando vuelan oleándose es que va a llover, o los escribanos y los pinzones al acercase a vías de agua o zonas habitadas parecen decir que va a nevar. Otros signos que el hombre quiere identificar como presagios del tiempo que hará se observan mirando directamente al cielo, el cerco de la luna o las nubes cuando presentan una determinada forma y color. Y también mirando directamente al suelo, por ejemplo, cuando llueve y de las gotas que golpean al suelo se separan burbujas, los entendidos dicen que continuará lloviendo.


Porqué cayó el esparto. (J. Rodríguez Torrente.)
Su aprovechamiento significó una importante fuente de ingresos hasta 1963.
El esparto es una planta que en otros tiempos tuvo momentos de esplendor y su uso fue muy valorado, constituyendo su aprovechamiento una importante fuente de producción de riqueza hasta 1963, año en el que sufrió una rápida decadencia en el siglo pasado. A lo largo de la historia esta planta ha merecido ser explotada en determinadas áreas de la provincia de Albacete, como la comarca de Hellín y la Sierra del Segura. Las últimas revalorizaciones importantes tuvieron lugar en el siglo XIX y XX. A mediados del siglo XIX como consecuencia de la demanda británica, a quien se les exportaba para que elaborasen pasta de papel. Decayó su interés al ser desplazado por el esparto procedente de Argel. En el siglo pasado cobró un gran valor en los años cuarenta por la imposibilidad de traer a España fibra del extranjero, lo que motivó incluso la creación del Servicio del Esparto dependiente del Ministerio de Industria que tenía como misión principal la ordenación de la distribución de la fibra. Cuando se liberalizó la importación de otras fibras procedentes del exterior, en 1959, se terminó su apogeo y comenzó su declive económico determinado por la caída de los precios. Esta decadencia del aprovechamiento del esparto continúa en la actualidad. Y también sigue planteada por la dificultad de la recolección y la subida de los salarios. Ello obliga a la reestructuración de la industria y la búsqueda de innovaciones. Molinicos llegó a producir más de cinco millones de kilos En la Sierra del Segura, el esparto, Stipa tenacissima, halla un hábitat ecológico apropiado para su desarrollo; además favorecido por la proximidad del Levante que le hace mejorar su calidad. Desde las carreteras es fácil ver los espartizales enclavados en suelos esteparios con preferencia en calizas yesosas y presencia constante de cloruro sódico, caracterizados también por una humedad escasa. De hecho es una planta muy resistente que no sólo aguanta los rigores del clima sino también el fuego, buena prueba de ello han sido los últimos incendios y la costumbre entre los agricultores de quemar atochas que llevan tiempo sin arrancarse con el propósito de que rebrote con nuevos bríos. Cumple una función de sujeción de tierra y hay quien ha opinado después del gran incendio de Yeste y Molinicos que para evitar parte del arrastre de la tierra se pudieran haber plantado líneas de defensa con esparto. En Férez ya se ha experimentado su cultivo asociado a especies arbóreas y herbáceas. Aún se encuentran espartizales en producción por la zona de Juan Quílez en Yeste y también por El Entredicho entre Elche de la Sierra y Yeste. Los pueblos de la Sierra con mayor producción fueron Molinicos con más de cinco millones y medio de kilos, Liétor con un poco más de cuatro millones, Elche con un poco más de tres millones y Férez y Socovos pasaban del millón. Aún quedan esparteros aunque escasos, y en Hellín alguna industria que lo trabaja. A través de la Sierra es fácil encontrar personas que lo trabajan artesanalmente. Su uso agrícola fue muy importante Antes, su producción industrial estaba ligada a la producción de papel, cordelería para pesca y navegación, sogas en la construcción, calzado, mobiliario, paquetería, y también a las tareas agrícolas. Otro uso aplicado fue como material vegetal en el calafateo de barcos, y para ello era requerido desde Galicia principalmente. Hoy todavía se usa en capachos, saquerías y pasta de papel, se intenta aplicarlo en fabricación de parquet. En primavera es cuando las matas se limpian, y cuando está alto y la punta seca se inicia la recogida, durante el verano. La técnica tradicional para aplicarlo posteriormente consiste en dejarlo secar, sumergirlo en balsas, dejarlo secar y picarlo o no, según la utilidad que se le quiera dar. Para la elaboración de pasta de papel se aprovecha todo.
     
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